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grande es el odio/ grande y dorado,/ amigos, es el odio./ todo lo grande y lo dorado/ viene del odio./ el tiempo es odio./  dicen que dios se odiaba en acto,/ que se odiaba con la fuerza/ de los infinitos leones azules/ del cosmos;/ que se odiaba para existir./  nacen del odio,/ mundos, óleos perfectísimos,/ revoluciones, tabacos excelentes./  cuando alguien sueña que nos odia,/ apenas,/ dentro del sueño de alguien que nos ama,/ ya vivimos el odio perfecto./  nadie vacila,/ como en el amor,/ a la hora del odio./  el odio es la sola prueba/ indudable de la existencia. // eduardo lizalde

 



‘Scotch Art’ por Gil J. Wolman
Para una sociedad empachada de información.
‘Scotch art’ pieces, working with major newspaper headlines, as well as the contents and images to which they referred, to present alternative discourses, undermining, violating or revealing the language, logic and discourse of the mass media.
 *Gil J. Wolman y Guy Debord: predecesores de la Internacional Situacionista
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‘Scotch Art’ por Gil J. Wolman

Para una sociedad empachada de información.

‘Scotch art’ pieces, working with major newspaper headlines, as well as the contents and images to which they referred, to present alternative discourses, undermining, violating or revealing the language, logic and discourse of the mass media.

 *Gil J. Wolman y Guy Debord: predecesores de la Internacional Situacionista



Peter Gilmore, High Priest of the Church of Satan
via www.claytoncubitt.com
The Eleven Satanic Rules of the Earth
by Anton Szandor LaVey ©1967
1. Do not give opinions or advice unless you are asked.
 2. Do not tell your troubles to others unless you are sure they want to hear them.
3. When in another’s lair, show him respect or else do not go there.
4. If a guest in your lair annoys you, treat him cruelly and without mercy.
5. Do not make sexual advances unless you are given the mating signal.
6. Do not take that which does not belong to you unless it is a burden to the other person and he cries out to be relieved.
7. Acknowledge the power of magic if you have employed it successfully to obtain your desires. If you deny the power of magic after having called upon it with success, you will lose all you have obtained.
8. Do not complain about anything to which you need not subject yourself.
9. Do not harm little children.
10. Do not kill non-human animals unless you are attacked or for your food.
11. When walking in open territory, bother no one. If someone bothers you, ask him to stop. If he does not stop, destroy him.
source: http://www.churchofsatan.com/home.html
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Peter Gilmore, High Priest of the Church of Satan

via www.claytoncubitt.com

The Eleven Satanic Rules of the Earth

by Anton Szandor LaVey ©1967

1. Do not give opinions or advice unless you are asked.

 2. Do not tell your troubles to others unless you are sure they want to hear them.

3. When in another’s lair, show him respect or else do not go there.

4. If a guest in your lair annoys you, treat him cruelly and without mercy.

5. Do not make sexual advances unless you are given the mating signal.

6. Do not take that which does not belong to you unless it is a burden to the other person and he cries out to be relieved.

7. Acknowledge the power of magic if you have employed it successfully to obtain your desires. If you deny the power of magic after having called upon it with success, you will lose all you have obtained.

8. Do not complain about anything to which you need not subject yourself.

9. Do not harm little children.

10. Do not kill non-human animals unless you are attacked or for your food.

11. When walking in open territory, bother no one. If someone bothers you, ask him to stop. If he does not stop, destroy him.

source: http://www.churchofsatan.com/home.html

 



Sobre The Wall o los muros que nos rodean

Adrián Sanctus

 

No quiero repetir lo magnífico que fue el concierto, su genialidad musical, lo excepcionalmente brillante que fue su ejecución, que fue el mejor show del año, etc. Quiero extender la invitación que nos hizo Roger Waters, el domingo 19 de diciembre 2010, a todos los asistentes a The Wall en el Palacio de los Deportes.

La obra emblemática de Pink Floyd, llevada a cabo por su genio creativo Roger Waters, es, treinta años después de haberse escrito, aún vigente. Inclusive me atrevo a decir que su  actualidad es hoy más fuerte que hace 30 años.

En 1990, más de diez años después de su creación, la obra completa fue presentada en Berlín, en la tierra de nadie. El show, épico, reunió y conmovió a 350 mil asistentes. El concierto fue gratuito para las últimas 100,000 personas que llegaron al lugar, debido a que sobrepasó, por mucho, la expectativa de los organizadores que se vieron prácticamente obligados a abrir todos los accesos. Se convirtió en un emblema del Rock, de la consigna política, de la lucha por la libertad y de la caída del muro de Berlín (ocurrida unos meses antes).

El concierto-show teatral en México, movió y removió cada fibra y neurona de mi ser, y no dudo que las de absolutamente todos los asistentes. The Wall es una manifestación directa y sin tapujos del espíritu de la época.

El primero de dos sets es un violento recordatorio teatral de nuestra humanidad torcida y corrompida por el poder y el dinero, de cómo nos autodestruimos como especie, de cómo la guerra y el capitalismo son símiles a las miserias del hombre. La construcción de un muro, que separa a Waters y a los demás músicos de  todos los espectadores ejemplifica con fuerza la violencia que generan los muchos muros que hemos, como humanidad, construido.

El segundo set es una denuncia al horror de la guerra, del fascismo y del capitalismo. Es una invitación a retomar la poca humanidad que nos queda y juntos derrumbar los muros que nos encierran y oprimen.

El discurso de Waters no sólo es anti-belicista, es mucho más profundo que eso, es una crítica a las muchas ideologías que nos gobiernan en lo material y en lo espiritual, es una crítica al ubicuo fetiche del dinero y a su primordial procurador, el sistema.

La maestría de la obra de Waters se ejemplifica perfectamente en el momento en que él, disfrazado de cualquiera de los dictadores que han regido nuestras sociedades, nos ofrece un poderoso discurso, justifica y legitima El Muro, nos invita a unirnos a sus filas, a ser parte de la solución persiguiendo y señalando la diferencia. Nosotros como público asistente, extasiados por el show, no podemos hacer más que vitorear y aplaudir frenéticamente sus indicaciones. Ya Wilhelm Reich, en La Psicología de Masas del Fascismo de 1933, nos recordaba la fuerza del discurso como herramienta de adoctrinación, de la represión sexual y de la familia como primera célula del fascismo, de la fuerza del símbolo y de la alienación como principio para la destrucción de la psique y el desmantelamiento de lo humano. Waters utiliza todo esto para demostrar su punto de vista: todos hemos sido víctimas de esa alineación, todos hemos permitido que se erija y que crezca El Muro. Su obra, sin embargo, después de ofrecernos un panorama negro (y rojo) que nos asusta como nos indigna, nos devuelve la esperanza y nos invita a salir de ese cómodo entumecimiento. Piensa y actúa, derribemos El Muro.

Por un momento olvidé lo que había pagado por el boleto, el cargo de 18% de Ticketmaster, los 200 pesos que pagué de estacionamiento y los 35 por la botella de agua. Una de las críticas más fuertes de Waters al sistema es al consumismo y al mercado omnipresente. Irónico (y triste también) fue presenciar el concierto rodeado de vendedores de Corona, Coca-Cola, Domino´s Pizza, y otros, que pasaron las más de dos horas que duró gritando “cervezas”, “refrescos” y lampareando a todos los espectadores, cual estadio y partido de fútbol. Me recordó algo que me viene molestando desde hace tiempo, no hay ya manifestación artística, ni política a la que tengamos acceso sin tener que estar inmiscuidos en lo que criticamos, aún no hemos derribado esos muros.

Set List[1]

  1. In The Flesh? 
  2. The Thin Ice 
  3. Another Brick in the Wall, Part 1 
  4. The Happiest Days of Our Lives 
  5. Another Brick in the Wall, Part 2 
  6. Mother 
  7. Goodbye Blue Sky 
  8. Empty Spaces 
  9. What Shall We Do Now? 
  10. Young Lust 
  11. One Of My Turns 
  12. Don’t Leave Me Now 
  13. Another Brick in the Wall, Part 3 
  14. The Last Few Bricks 
  15. Goodbye Cruel World 

INTERMISSION

  1. Hey You 
  2. Is There Anybody Out There? 
  3. Nobody Home 
  4. Vera 
  5. Bring the Boys Back Home 
  6. Comfortably Numb 
  7. The Show Must Go On 
  8. In The Flesh 
  9. Run Like Hell 
  10. Waiting For The Worms 
  11. Stop 
  12. The Trial 
  13. Outside The Wall 

Encore:

  1. Another Brick in the Wall, Part 2 (Versión acústica. Mash-up con Las Mañanitas)[2]

 


[1] http://www.setlist.fm/setlist/roger-waters/2010/palacio-de-los-deportes-mexico-city-mexico-73d28691.html 

[2] Un highlight que no quiero dejar de mencionar fue “el experimento” que al final del segundo set nos regalaron. En el encore, Roger Waters y sus músicos tocaron un Mash-up de Las Mañanitas con Another Brick in The Wall, en versión acústica. Un gran detalle y una enorme cortesía con el público mexicano.

 

 



el juego del domingo(via itsapipebomb)

el juego del domingo
(via itsapipebomb)



"The man that cannot visualize a horse galloping on a tomato is an idiot"

— André Breton


O fortuna

O Fortuna velut luna statu variabilis, semper crescis aut decrescis; vita detestabilis nunc obdurat et tunc curat ludo mentis aciem, egestatem, potestatem dissolvit ut glaciem. Sors immanis et inanis, rota tu volubilis, status malus, vana salus semper dissolubilis, obumbrata et velata michi quoque niteris; nunc per ludum dorsum nudum fero tui sceleris. Sors salutis et virtutis michi nunc contraria, est affectus et defectus semper in angaria. Hac in hora sine mora corde pulsum tangite; quod per sortem sternit fortem, mecum omnes plangite!



En la tos fuerte
via i.imagehost.org

En la tos fuerte

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Manifiesto contra la humildad pedante de pedir un cigarro vendido (fragmento)

Las palabras más certeras sobre los retos que se plantea la comunidad ignota contra la humildad pedante de pedir un cigarro vendido, construyen su poderosa maquinaria discursiva en función de una extraña ligereza. O mejor: de una aparente sencillez. Nos resulta más fácil manejar un terrible mensaje moral mediante este recurso. La aguda mirada, la ácida crítica social, se encuentran supeditadas a un ligero y fresco humor no exento también del más terrible de los sarcasmos. Si un manifiesto es, en el mejor de los casos, un mapa para contornear lo que resulta obvio a una mirada medianamente atenta a los comunes denominadores, nuestra defensa constituye un verdadero compromiso con una postura y proclama como inaplazable este grito. Hablamos con la urgencia y preocupación que el fenómeno merece.
Interesan, para los propósitos de este manifiesto, dos asuntos: uno: la proclama de una reforma en los hábitos ventajosos de cierto gremio de fumadores —el cual se incrementa de manera monstruosa— que reproduce la humildad pedante como venganza de una anterior. Dos: quienes conspiran el manifiesto, reconocen su derrota con la literatura dada la proximidad de nuestros textos a la ligereza de lo desechable y de lo efímero. Impedidos por capacidad para adoptar la pose del intelectual, preferimos abandonarla por cuestiones prácticas y de ridículo, adjudicándonos de esta manera, a través de este manifiesto, el único medio factible y más próximo a un aleccionamiento cotidiano perdurable. Por ello el apremio de esta lectura resiste —y seguramente la resistirá al paso de los años— cualquier reproche proveniente de la burguesía empecinada en la preservación de los valores universales.
Consistente con su proyecto de vida y con su futuro, la misión de estos cinco prosistas se antoja como renovación desde el último espacio tradicional a visitar: recorrer nuevamente, y con la misma voluntad de naufragio, los mecanismos de amabilidad que permean el trueque entre fumadores, y por ende, lo legitiman como una permuta aparentemente humilde, sumisa, dócil y sin pretensiones ventajosas. No podemos negar que lo primero que asombra es la recurrencia aterradora con la que sucede. En un ambiente donde la imposibilidad de vender un cigarro a quien lo pida se encuentra supeditada por un parámetro de cortesía sin origen, nos parece insoslayable el surgimiento del transgresor que dé fin a la repetición incesante, a la socarronería de escudarse en la educación en pos de librarse de un desembolso. Lo que nos obliga a asentar nuestro primer territorio: Uno: no encontramos objeción en el intento por obtener un objeto sin gasto alguno; sin embargo, hacemos una excepción en este caso y decretamos como axioma que nadie que demande un cigarro vendido, porfavorsito-si-no-es-mucha-molestia, se encuentra en disposición, por voluntad propia, de atenerse a su palabra. La expectativa obvia, misma contra la que atentamos aquí, es que quien lo expide responda negándose a aceptar cualquier cantidad a cambio. Condenamos a quien se valga de la humildad con el firme propósito de consumar su solicitud de manera gratuita. Lo que nos lleva a nuestro segundo punto. Dos: los vendedores sueñan que en alguna parte de nuestra república donde la amabilidad es termómetro, exista un puñado de individuos hartos, cansados, reticentes a tantas concesiones y tantas complacencias en nombre de la amabilidad. Ellos ya no pueden ser engañados. En cada uno de nosotros, en cada uno de ustedes, habita un transgresor que no permitirá el menoscabo de nuestra comprensión del fenómeno. Nosotros, ustedes —quizá unos miles, unos cientos o tan sólo cinco apellidos— que hemos detectado la trampa, que hemos descubierto la despreocupación de quien pide un cigarro vendido sin intención de pagarlo, nos convertimos, antes que nada, en seguidores de la causa; después, en orgullosos aleccionadores. Quien, ciego de este pacto ruin, truhán, permanece en la inmovilidad, quien se aleje de correr verdaderos riesgos formales y estéticos, se convertirá en forjador de la cultura nacional de la cortesía entre fumadores, misma que apela a una solidaridad infranqueable entre viciosos. No hay, pues, ruptura, sino continuidad: el mito perjudicial de la amabilidad pedante donde micasa-estucasa sigue vigente, sigue cínicamente superficial y deshonesto.
Tres: nada más fácil para un fumador que pedir vendido un cigarro. Nada más aburrido que la vida de un fumador acorralado a regalárselo. De cualquier modo, lo cierto es que la reforma hablará por su cuenta. Habla y anuncia sorpresa, cambio, metamorfosis, no sólo en las modalidades de cortesía legitimadas sino en los rostros azorados de quien la están sintiendo. Si la posesión más preciada del fumador es su cajetilla, este manifiesto defiende la libertad personal de establecer el precio de la permuta. La causa exacerba el hecho buscando el continuo desdoblamiento de sus fieles; de ahí que invitemos a la regulación de un costo que obligue al demandante a pagarlo —digamos de dos a cuatro pesos: la venta se apega a la oferta y demanda de los precios callejeros del cigarro suelto—si todavía después del establecimiento del precio no se ofende y sigue con ánimos de consumar su petición. Sin embargo, si como en nosotros, en ustedes también hierve el espíritu de la contundencia, el precio bien podría adoptar cantidades exorbitantes.
Creemos que en el mundo pueda haber bondad pero no creemos que ella se encuentre entre fumadores que practican la humildad pedante. La causa no es rosa ni amable, no obstante, en efecto, buscamos un mundo mejor, aunque sabemos que tal vez, en algún lugar que no conoceremos, tal ficción pueda ocurrir. Por ello escribimos con prisa, precisamente para que suceda a ojos de sus precursores. Y sepan que si algo está ocurriendo con nuestros principios, no es un movimiento educativo, sino simple y llanamente una actitud. Pues bien, una vez apropiada la actitud del manifiesto, asumida el encargo, pronunciamos nuestro cuarto y último punto: la reproducción. Cuatro: son los puntos de este manifiesto el sitio donde han de buscarse cuanto de apuesta por una modificación en los cánones de gentileza que rigen el pedir un cigarro vendido entre fumadores haya. Es de rigor la réplica perpetua de la venta. Sostenemos –y nos remitimos a las pruebas—que bastará con un acto, que bastará ponerle precio a la humildad pedante para cortar la repetición. El objetivo del manifiesto es cuestionarse, con todas las de ganar, cuándo es que ese individuo volverá a pedir un cigarro vendido. A lo sumo, se resignará a jugar limpio y ordenarlo regalado. Y advertimos que no pensamos con ingenuidad salvo que los azares de la vida nos permitan el lujo de la corroboración: resulta muy poco probable constatar si la transgresión ha surtido un efecto a posteriori en el fumador. Esto no es problema para nosotros. Nos bastamos con la perplejidad en el rostro del demandante, la sorpresa que funda la vuelta a la tortilla. Desde nuestra experiencia, ningún fumador ha dejado de pagar un cigarro cuando en realidad se la ha exigido un pago. Sucede con frecuencia en los fumadores que se manejan por medio de la humildad pedante una cierta propensión imperativa a cumplir con su palabra si quien expide el cigarro lo ha orillado a hacerlo. Sin duda, si el demandante muestra por lo menos un dejo de audacia, procurará no tropezar dos veces de la misma manera. Más le vale asegurarse, para próximas ocasiones –porque seguramente no modificará su hábito de fumar, pero sí el pedir—de traer dinero o pedirlo regalado.

AGUIRRE - MADRIZ - ROBLES - NICLI - URIBE

http://incesanteblabla.blogspot.com/2010/08/manifiesto-contra-la-humildad-pedante.html